lunes, 2 de mayo de 2011

HADAS


LAS HADAS
de Charles Perrault

Érase una vez una viuda que tenía una hija y una hijastra: la mayor, que era la suya, se le parecía tanto de carácter como de rostro, de modo que, quien la viese a ella, a la madre veía.

Ambas eran tan desagradables y tan orgullosas, que nadie podía vivir a su lado. La pequeña, el auténtico retrato del padre por la dulzura y los buenos modales, era una de las mejores hijastras que hayan existido.

Pero, como suele amarse aquello que se nos parece, esa madre estaba encantada con su hija, y al mismo tiempo sentía una gran aversión hacia la pequeña, su hijastra, pues la obligaba a comer en la cocina y a trabajar sin cesar.

Esto hizo, entre otras cosas, el que la pobre niña fuese, dos veces al día, a buscar agua a una fuente que se hallaba a media legua de casa, transportándola en una gran cantara.

Una mañana que había ido a la fuente, vino hacia ella una pobre mujer que le suplicó le diese de beber.

-Si, buena mujer –repuso la muchacha y llenando el cántaro de agua, se lo ofreció, sosteniéndolo a fin de que la anciana bebiera con mayor comodidad. La anciana, habiendo bebido le dijo:




-Eres tan bella, tan buena y tan servicial, que no puedo menos de concederte un don -pues era un hada quien había tomado la forma de una pobre mujer de pueblo, para ver hasta donde llegaba la amabilidad de esta jovencita -.Yo te otorgo el don -prosiguió el hada-, de que a cada palabra que pronuncies, te salga de la boca o una flor, o una piedra preciosa.

Cuando la hijastra llegó a casa, la madre la regañó por volver tan tarde de la fuente.

-Os pido perdón, madre mía -dijo la pobre muchacha-, al haber llegado tan tarde -y en diciendo estas palabras le salieron de la boca dos rosas, dos perlas y dos gruesos diamantes.

-¡Qué ven mis ojos -exclamó la madrastra sorprendida -; creo que le salen de la boca perlas y diamantes! ¿Qué ha sucedido, hija mía? -(Esta fue la primera vez que la llamaba hija suya.)

La pobre niña le contó ingenuamente todo lo que le había pasado, no sin lanzar por la boca una infinidad de diamantes.

-Verdaderamente –se dijo la madre-, es preciso que yo envíe a mi hija... Mira que es lo que le sale de la boca de tu hermana cuando habla. ¿No estarías muy contenta si poseyeras el mismo don? Es bien sencillo, no tienes más que ir a buscar agua a la fuente, y, cuando una pobre mujer te la pida para beber, se le das muy educadamente.

–¡No me apetece ir a la fuente! -respondió con grosería la hija.

–Pues yo quiero que vayas -repuso su madre-, y deprisa, ¡ahora mismo!

Su hija fue, pero siempre refunfuñando. Había cogido el más hermoso jarro de plata que tenían en la casa y aún no había llegado a la fuente, cuando vio salir del bosque a una dama magníficamente vestida, que se acercó a pedirle agua. Era la misma hada que se le apareciera a su hermanastra, pero había tomado el aspecto y las vestiduras de una princesa, para ver hasta donde llegaría la mala educación de la muchacha.

-¿Es que yo he venido aquí -le dijo orgullosa la joven-, para daros de beber? ¡Justamente traigo un jarro de plata expresamente para calmar la sed de la señora! Os aconsejo que bebáis vos misma si queréis.

-Eres muy poco amable -repuso el hada sin encolerizarse- .Bien, puesto que de servicial no tienes nada, te otorgo como don, que a cada palabra que digas, te salgan de la boca o una serpiente o un sapo.

Tan pronto la madre vio a su hija, le gritó:

-¿Y bien, hija mía?…

-¡Y bien, madre mía! -le respondió la maleducada echando por la boca dos víboras y dos sapos.

-¡Oh, cielos! -gritó la madre-, ¿qué es lo que veo? ¡Tu hermana tiene que ser la causante: me las pagará!

Y dicho y hecho, corrió hacia ella para golpearla. Entonces la pobre niña huyó buscando refugió en un bosque cercano.

El hijo del rey, que volvía de cazar, la encontró y viéndola tan bella, le preguntó que es lo que hacía sola en medio de la espesura y por qué lloraba.

-¡Ay de mí, Señor, mi madre me ha echado de casa!

El hijo del rey, viendo surgir de su boca cinco o seis perlas y otros tantos diamantes, rogó que le dijera de donde venía, y ella le contó toda su aventura.

El príncipe heredero se enamoró de la joven, y considerando que tal don bien valía el hacerla su esposa porque era la mejor de las dotes, la llevó al palacio del rey su padre y se casó con ella.



En cuanto a la mala hermanastra, se hizo tan odiosa, que su propia madre la arrojó de casa, y la desgraciada, después de haber ido de un lado para otro, sin encontrar a nadie que la quisiera acoger, fue a morir en un rincón del bosque.

sábado, 30 de abril de 2011

COLORES DE LAS ESPIRITUALIDAD



Los colores de mi espiritualidad son verde y violeta,el color secundario me cambia muy seguido





Me encanta este tema pero me tendre que poner de lleno porque si es cierto que un dia mirando mis manos eran como de un rosa violetita o algo asi,lo que nose si seria el aura o que estaba muy muy cansadilla y me engaño la vista jejejeje pero me pondre a ello,que guay!!!! un besoooo



ॐ †♥★♥ フuム刀 ᄊム刀u乇レ ♥★♥ †ॐ
Cita|Contestar En 23 Jul 2010 en 11:04 PM ॐ †♥★♥ フuム刀 ᄊム刀u乇レ ♥★♥ †ॐ escribió:
Votado: SI
En mis comienzos de practicar la visualizacion del aura he visto claramente sobre un fondo blanco que en este caso es mi color de fondo para visualizar he notado una niebla azul celeste y pues creo que la informacion me es correcta de acuerdo a mi persona, aun asi las diferentes paginas que ofrecen el color de los significados pueden variar el significado de cada color, mas bien en mi opinion al visualizar tu color primario y con tiempo el secundario, no te dejes llevar por los significados que les dan sino ten en mente como eres tu mismo y atribuyete tu propio significado segun tu persona creo que es la manera mas sabia de aprendera creer en ti mismo y creer en el poder de tu mente y de la fe que es lo principal debes de creer con el corazon que puedes lograr verlo los que cierran su mente diciendo: bahh son mentiras, no podran verla a menos que se hagan a la idea de que cada persona posee el poder de visualizar este aura que nos acompaña desde el momento de nacer hasta el momento de nuestra muerte.

bueno esta es mi opinion y tambien es valido el significado del azul aunque aun me falta ver el color secundario y eso no es nada: para poder tener activo este poder mental debemos de poder visualizar toda una gama de colores son 7 colores los que poseemos, relacionados a los 7 chakras del cuerpo, aunque el primario es permanente, el secundario ocasionalmente puede cambiar, y los 5 demas cambian segun distintos factores como sentimientos, enfermedad, etc.

viernes, 29 de abril de 2011

LA CASITA DE CHOCOLATE



LA CASITA DE CHOCOLATE

Junto a un bosque muy grande vivía un pobre leñador con su mujer y dos hijos; el niño se llamaba Hänsel, y la niña, Gretel. Apenas tenían qué comer, y en una época de carestía que sufrió el país, llegó un momento en que el hombre ni siquiera podía ganarse el pan de cada día. Estaba el leñador una noche en la cama, cavilando y revolviéndose, sin que las preocupaciones le dejaran pegar el ojo; finalmente, dijo, suspirando, a su mujer: - ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Cómo alimentar a los pobres pequeños, puesto que nada nos queda? - Se me ocurre una cosa -respondió ella-. Mañana, de madrugada, nos llevaremos a los niños a lo más espeso del bosque. Les encenderemos un fuego, les daremos un pedacito de pan y luego los dejaremos solos para ir a nuestro trabajo. Como no sabrán encontrar el camino de vuelta, nos libraremos de ellos. - ¡Por Dios, mujer! -replicó el hombre-. Eso no lo hago yo. ¡Cómo voy a cargar sobre mí el abandonar a mis hijos en el bosque! No tardarían en ser destrozados por las fieras. - ¡No seas necio! -exclamó ella-. ¿Quieres, pues, que nos muramos de hambre los cuatro? ¡Ya puedes ponerte a aserrar las tablas de los ataúdes! -. Y no cesó de importunarle hasta que el hombre accedió-. Pero me dan mucha lástima -decía. Los dos hermanitos, a quienes el hambre mantenía siempre desvelados, oyeron lo que su madrastra aconsejaba a su padre. Gretel, entre amargas lágrimas, dijo a Hänsel: - ¡Ahora sí que estamos perdidos! - No llores, Gretel -la consoló el niño-, y no te aflijas, que yo me las arreglaré para salir del paso. Y cuando los viejos estuvieron dormidos, levantóse, púsose la chaquetita y salió a la calle por la puerta trasera. Brillaba una luna esplendoroso y los blancos guijarros que estaban en el suelo delante de la casa, relucían como plata pura. Hänsel los fue recogiendo hasta que no le cupieron más en los bolsillos. De vuelta a su cuarto, dijo a Gretel: - Nada temas, hermanita, y duerme tranquila: Dios no nos abandonará -y se acostó de nuevo. A las primeras luces del día, antes aún de que saliera el sol, la mujer fue a llamar a los niños: - ¡Vamos, holgazanes, levantaos! Hemos de ir al bosque por leña-. Y dando a cada uno un pedacito de pan, les advirtió-: Ahí tenéis esto para mediodía, pero no os lo comáis antes, pues no os daré más. Gretel se puso el pan debajo del delantal, porque Hänsel llevaba los bolsillos llenos de piedras, y emprendieron los cuatro el camino del bosque. Al cabo de un ratito de andar, Hänsel se detenía de cuando en cuando, para volverse a mirar hacia la casa. Dijo el padre: - Hänsel, no te quedes rezagado mirando atrás, ¡atención y piernas vivas! - Es que miro el gatito blanco, que desde el tejado me está diciendo adiós -respondió el niño. Y replicó la mujer: - Tonto, no es el gato, sino el sol de la mañana, que se refleja en la chimenea. Pero lo que estaba haciendo Hänsel no era mirar el gato, sino ir echando blancas piedrecitas, que sacaba del bolsillo, a lo largo del camino. Cuando estuvieron en medio del bosque, dijo el padre: - Recoged ahora leña, pequeños, os encenderé un fuego para que no tengáis frío. Hänsel y Gretel reunieron un buen montón de leña menuda. Prepararon una hoguera, y cuando ya ardió con viva llama, dijo la mujer: - Poneos ahora al lado del fuego, chiquillos, y descansad, mientras nosotros nos vamos por el bosque a cortar leña. Cuando hayamos terminado, vendremos a recogeros. Los dos hermanitos se sentaron junto al fuego, y al mediodía, cada uno se comió su pedacito de pan. Y como oían el ruido de los hachazos, creían que su padre estaba cerca. Pero, en realidad, no era el hacha, sino una rama que él había atado a un árbol seco, y que el viento hacía chocar contra el tronco. Al cabo de mucho rato de estar allí sentados, el cansancio les cerró los ojos, y se quedaron profundamente dormidos. Despertaron, cuando ya era noche cerrada. Gretel se echó a llorar, diciendo: - ¿Cómo saldremos del bosque? Pero Hänsel la consoló: - Espera un poquitín a que brille la luna, que ya encontraremos el camino. Y cuando la luna estuvo alta en el cielo, el niño, cogiendo de la mano a su hermanita, guiose por las guijas, que, brillando como plata batida, le indicaron la ruta. Anduvieron toda la noche, y llegaron a la casa al despuntar el alba. Llamaron a la puerta y les abrió la madrastra, que, al verlos, exclamó: - ¡Diablo de niños! ¿Qué es eso de quedarse tantas horas en el bosque? ¡Creíamos que no queríais volver! El padre, en cambio, se alegró de que hubieran vuelto, pues le remordía la conciencia por haberlos abandonado. Algún tiempo después hubo otra época de miseria en el país, y los niños oyeron una noche cómo la madrastra, estando en la cama, decía a su marido: - Otra vez se ha terminado todo; sólo nos queda media hogaza de pan, y sanseacabó. Tenemos que deshacernos de los niños. Los llevaremos más adentro del bosque para que no puedan encontrar el camino; de otro modo, no hay salvación para nosotros. Al padre le dolía mucho abandonar a los niños, y pensaba: «Mejor harías partiendo con tus hijos el último bocado». Pero la mujer no quiso escuchar sus razones, y lo llenó de reproches e improperios. Quien cede la primera vez, también ha de ceder la segunda; y, así, el hombre no tuvo valor para negarse. Pero los niños estaban aún despiertos y oyeron la conversación. Cuando los viejos se hubieron dormido, levantóse Hänsel con intención de salir a proveerse de guijarros, como la vez anterior; pero no pudo hacerlo, pues la mujer había cerrado la puerta. Dijo, no obstante, a su hermanita, para consolarla: - No llores, Gretel, y duerme tranquila, que Dios Nuestro Señor nos ayudará. A la madrugada siguiente se presentó la mujer a sacarlos de la cama y les dio su pedacito de pan, más pequeño aún que la vez anterior. Camino del bosque, Hänsel iba desmigajando el pan en el bolsillo y, deteniéndose de trecho en trecho, dejaba caer miguitas en el suelo. - Hänsel, ¿por qué te paras a mirar atrás? -preguntóle el padre-. ¡Vamos, no te entretengas! - Estoy mirando mi palomita, que desde el tejado me dice adiós. - ¡Bobo! -intervino la mujer-, no es tu palomita, sino el sol de la mañana, que brilla en la chimenea. Pero Hänsel fue sembrando de migas todo el camino. La madrastra condujo a los niños aún más adentro del bosque, a un lugar en el que nunca había estado. Encendieron una gran hoguera, y la mujer les dijo: - Quedaos aquí, pequeños, y si os cansáis, echad una siestecita. Nosotros vamos por leña; al atardecer, cuando hayamos terminado, volveremos a recogemos. A mediodía, Gretel partió su pan con Hänsel, ya que él había esparcido el suyo por el camino. Luego se quedaron dormidos, sin que nadie se presentara a buscar a los pobrecillos; se despertaron cuando era ya de noche oscura. Hänsel consoló a Gretel diciéndole: - Espera un poco, hermanita, a que salga la luna; entonces veremos las migas de pan que yo he esparcido, y que nos mostrarán el camino de vuelta. Cuando salió la luna, se dispusieron a regresar; pero no encontraron ni una sola miga; se las habían comido los mil pajarillos que volaban por el bosque. Dijo Hänsel a Gretel: - Ya daremos con el camino -pero no lo encontraron. Anduvieron toda la noche y todo el día siguiente, desde la madrugada hasta el atardecer, sin lograr salir del bosque; sufrían además de hambre, pues no habían comido más que unos pocos frutos silvestres, recogidos del suelo. Y como se sentían tan cansados que las piernas se negaban ya a sostenerlos, echáronse al pie de un árbol y se quedaron dormidos.
Y amaneció el día tercero desde que salieron de casa. Reanudaron la marcha, pero cada vez se extraviaban más en el bosque. Si alguien no acudía pronto en su ayuda, estaban condenados a morir de hambre. Pero he aquí que hacia mediodía vieron un hermoso pajarillo, blanco como la nieve, posado en la rama de un árbol; y cantaba tan dulcemente, que se detuvieron a escucharlo. Cuando hubo terminado, abrió sus alas y emprendió el vuelo, y ellos lo siguieron, hasta llegar a una casita, en cuyo tejado se posó; y al acercarse vieron que la casita estaba hecha de pan y cubierta de bizcocho, y las ventanas eran de puro azúcar. - ¡Mira qué bien! -exclamó Hänsel-, aquí podremos sacar el vientre de mal año. Yo comeré un pedacito del tejado; tú, Gretel, puedes probar la ventana, verás cuán dulce es. Se encaramó el niño al tejado y rompió un trocito para probar a qué sabía, mientras su hermanita mordisqueaba en los cristales. Entonces oyeron una voz suave que procedía del interior: «¿Será acaso la ratita la que roe mi casita?» Pero los niños respondieron: «Es el viento, es el viento que sopla violento». Y siguieron comiendo sin desconcertarse. Hänsel, que encontraba el tejado sabrosísimo, desgajó un buen pedazo, y Gretel sacó todo un cristal redondo y se sentó en el suelo, comiendo a dos carrillos. Abrióse entonces la puerta bruscamente, y salió una mujer viejísima, que se apoyaba en una muleta. Los niños se asustaron de tal modo, que soltaron lo que tenían en las manos; pero la vieja, meneando la cabeza, les dijo: - Hola, pequeñines, ¿quién os ha traído? Entrad y quedaos conmigo, no os haré ningún daño. Y, cogiéndolos de la mano, los introdujo en la casita, donde había servida una apetitosa comida: leche con bollos azucarados, manzanas y nueces. Después los llevó a dos camitas con ropas blancas, y Hänsel y Gretel se acostaron en ellas, creyéndose en el cielo. La vieja aparentaba ser muy buena y amable, pero, en realidad, era una bruja malvada que acechaba a los niños para cazarlos, y había construido la casita de pan con el único objeto de atraerlos. Cuando uno caía en su poder, lo mataba, lo guisaba y se lo comía; esto era para ella un gran banquete. Las brujas tienen los ojos rojizos y son muy cortas de vista; pero, en cambio, su olfato es muy fino, como el de los animales, por lo que desde muy lejos ventean la presencia de las personas. Cuando sintió que se acercaban Hänsel y Gretel, dijo para sus adentros, con una risotada maligna: «¡Míos son; éstos no se me escapan!». Levantóse muy de mañana, antes de que los niños se despertasen, y, al verlos descansar tan plácidamente, con aquellas mejillitas tan sonrosadas y coloreadas, murmuró entre dientes: «¡Serán un buen bocado!». Y, agarrando a Hänsel con su mano seca, llevólo a un pequeño establo y lo encerró detrás de una reja. Gritó y protestó el niño con todas sus fuerzas, pero todo fue inútil. Dirigióse entonces a la cama de Gretel y despertó a la pequeña, sacudiéndola rudamente y gritándole: - Levántate, holgazana, ve a buscar agua y guisa algo bueno para tu hermano; lo tengo en el establo y quiero que engorde. Cuando esté bien cebado, me lo comeré. Gretel se echó a llorar amargamente, pero en vano; hubo de cumplir los mandatos de la bruja. Desde entonces a Hänsel le sirvieron comidas exquisitas, mientras Gretel no recibía sino cáscaras de cangrejo. Todas las mañanas bajaba la vieja al establo y decía: - Hänsel, saca el dedo, que quiero saber si estás gordo. Pero Hänsel, en vez del dedo, sacaba un huesecito, y la vieja, que tenía la vista muy mala, pensaba que era realmente el dedo del niño, y todo era extrañarse de que no engordara. Cuando, al cabo de cuatro semanas, vio que Hänsel continuaba tan flaco, perdió la paciencia y no quiso aguardar más tiempo: - Anda, Gretel -dijo a la niña-, a buscar agua, ¡ligera! Esté gordo o flaco tu hermano, mañana me lo comeré. ¡Qué desconsuelo el de la hermanita, cuando venía con el agua, y cómo le corrían las lágrimas por las mejillas! «¡Dios mío, ayúdanos! -rogaba-. ¡Ojalá nos hubiesen devorado las fieras del bosque; por lo menos habríamos muerto juntos!». - ¡Basta de lloriqueos! -gritó la vieja-; de nada han de servirte. Por la madrugada, Gretel hubo de salir a llenar de agua el caldero y encender fuego. - Primero coceremos pan -dijo la bruja-. Ya he calentado el horno y preparado la masa -. Y de un empujón llevó a la pobre niña hasta el horno, de cuya boca salían grandes llamas. Entra a ver si está bastante caliente para meter el pan -mandó la vieja. Su intención era cerrar la puerta del horno cuando la niña estuviese en su interior, asarla y comérsela también. Pero Gretel le adivinó el pensamiento y dijo: - No sé cómo hay que hacerlo; ¿cómo lo haré para entrar? - ¡Habráse visto criatura más tonta! -replicó la bruja-. Bastante grande es la abertura; yo misma podría pasar por ella -y, para demostrárselo, se adelantó y metió la cabeza en la boca del horno. Entonces Gretel, de un empujón, la precipitó en el interior y, cerrando la puerta de hierro, corrió el cerrojo. ¡Allí era de oír la de chillidos que daba la bruja! ¡Qué gritos más pavorosos! Pero la niña echó a correr, y la malvada hechicera hubo de morir quemada miserablemente. Corrió Gretel al establo donde estaba encerrado Hänsel y le abrió la puerta, exclamando: ¡Hänsel, estamos salvados; ya está muerta la bruja! Saltó el niño afuera, como un pájaro al que se le abre la jaula. ¡Qué alegría sintieron los dos, y cómo se arrojaron al cuello uno del otro, y qué de abrazos y besos! Y como ya nada tenían que temer, recorrieron la casa de la bruja, y en todos los rincones encontraron cajas llenas de perlas y piedras preciosas. - ¡Más valen éstas que los guijarros! -exclamó Hänsel, llenándose de ellas los bolsillos. Y dijo Gretel: - También yo quiero llevar algo a casa -y, a su vez, se llenó el delantal de pedrería. - Vámonos ahora -dijo el niño-; debemos salir de este bosque embrujado -. A unas dos horas de andar llegaron a un gran río. - No podremos pasarlo -observó Hänsel-, no veo ni puente ni pasarela. - Ni tampoco hay barquita alguna -añadió Gretel-; pero allí nada un pato blanco, y si se lo pido nos ayudará a pasar el río -. Y gritó: «Patito, buen patito mío Hänsel y Gretel han llegado al río. No hay ningún puente por donde pasar; ¿sobre tu blanca espalda nos quieres llevar?». Acercóse el patito, y el niño se subió en él, invitando a su hermana a hacer lo mismo. - No -replicó Gretel-, sería muy pesado para el patito; vale más que nos lleve uno tras otro. Así lo hizo el buen pato, y cuando ya estuvieron en la orilla opuesta y hubieron caminado otro trecho, el bosque les fue siendo cada vez más familiar, hasta que, al fin, descubrieron a lo lejos la casa de su padre. Echaron entonces a correr, entraron como una tromba y se colgaron del cuello de su padre. El pobre hombre no había tenido una sola hora de reposo desde el día en que abandonara a sus hijos en el bosque; y en cuanto a la madrastra, había muerto. Volcó Gretel su delantal, y todas las perlas y piedras preciosas saltaron por el suelo, mientras Hänsel vaciaba también a puñados sus bolsillos. Se acabaron las penas, y en adelante vivieron los tres felices. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

martes, 26 de abril de 2011

DAME TODO DE TÍ


dame tu llanto, para llorarlo contigo.
dame el misterio, de tus ojos cuando duermes.
dame el aire cuando exhalas,
para ver si te respiro.
Ponle mi nombre, al lunar de tu mejilla.
dile a tu oido, que me escuche cuando miro.
salva mis manos, con el roce de tu espalda.
dame el remedio para no curarme nunca.
es que es tan facil respirar,
el aire cuando estas
siempre es ta facil.....

lunes, 25 de abril de 2011

CARTA AL AMOR






“Eternamente Unidos”

Mi amor

Te dedico esta fragancia

Aroma tan nuestra y única

Previo al primer rayo de luz fecunda

El aura que nutre el mismo sol

Pasión fértil de luna, la esencia

Siendo amantes, nuestras eternidades

La pasada y la venidera,

Cautivó de mis fotos, como si fuera bella

Enterraste un sentir profundo

En mis venas en mis extremidades

En nuestro primer beso, recuerdas amor

Salí corriendo

¿Y mis labios? los retienes, unidos a los tuyos

Que pronuncian entre suspiros “Mi Amor”,

Declaraciones del corazón en cada latir

De la sola “gota” eufórica que creció,

Y rego el sudor a dar a luz

A raíz un cuerpo unido,

Brotando diluvios en la conciencia

Calmados por la refrescante brisa,

Revolcados en la arena

Vestidos de la espuma,

En las mejores melodías

Que producen un cuerpo “los dos en uno”

Por tanto me iré de esta vida sin labios,

Me iré sin las ocho manos

Que te acarician

A la vez te aprietan,

Te golpean

Y te acercan a mi piel

Mi iré ciega,

Al derramarse en mis ojos tu miel

Que empalago mis pupilas,

Las pestañas te aplaudían

Mi amor todo es más que mil palabras

Y fácil sería escribirte mentiras

Pero recuerda “Nuestra realidad”

Que tu amor abrazo mi universo

Transformando todo lo que respira

“bajo mi paraguas”

Bajo tu paraguas,

Fue un rio una fuente,

Empapando ese rico manantial

Que bautizaste en tantos

Nombres, jardín huerto,

Y recuerda amor fue un campo

“nuestro campo escondido”,

Sobre una un jardín de rosas me coronaste,

Me marcaste

Ahora mi dulce amor,

Cierra tus ojos y sonríe, no estaré lejos

Y solo vive lo que es hermoso

Es estar unidos

Sin distinguir quien quedo sobre quien

Enamorados tú y yo

Por siempre unidos….

MI SOLITARIA ALMOHADA


Mi solitaria almohada!

Desperté con un suspiro en el corazón
al abrir los ojos, un leve destello de sol me llegó,
y entonces mis manos caminaron por debajo de las
sábanas
buscando en vano tu prescencia,

sentía aun el calorcito leve de tu respiración,
un aroma a sándalo, lavanda, canela, miel
un sabor dulce en mis labios, a tu ser

dibuje nuevamente con mis manos
tocando entre las sábanas para buscar tu figura
y todavía podia sentir la tibieza de tu piel.

Volví nuevamente la mirada a tu ausencia
y la almohada tenía color de deseo

Nuevamente un febril delirio empezó a envolverme
recordaba con vehemencia, soñaba o era realidad,

En mi solitaria almohada se percibía tu sombra
y la voz de tu vientre me pedia a gritos que te amara

y confundida en mi locura
me perdí en las caricias de tus recuerdos
y nuevamente volví a despertar,

Si solo fue un bello sueño
por qué mi solitaria almohada
olia a tu cuerpo?