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miércoles, 21 de marzo de 2012

SAL DE TÌ




Sal al fin de ti que ya es hora de vivir
y de serle fiel a lo que sientes.

Dos almas enlazadas con pasión,
el mismo ritmo de emoción.

Digan lo que digan, tú vives tu vida,
aquí manda siempre el corazón
y ahora... dime quién se atreve
a arrojarle piedras a tu amor.

Por eso... digan lo que digan,
a nadie le importa, es tu decisión
y ahora... el que no lo entienda
que no ate cadenas al amor.

Deja de fingir, que no hay nubes sobre ti,
hoy vuelve a brillar el arco iris.

No hay diferencias entre tú y yo, sí,
cuerpos temblando de emoción.

Digan lo que digan, tú vives tu vida,
aquí manda siempre el corazón,
y ahora... dime quién se atreve
a arrojarle piedras a tu amor.

Por eso... digan lo que digan,
a nadie le importa, es tu decisión
y ahora... el que no lo entienda
que no ate cadenas al amor.

Digan lo que digan...

CARTA DE AMOR


Una carta de amor



Amor:
Me dueles allá donde no llegan las voces, allí la sangre se arremolina y sucumbe por una caricia a flor de la piel. Amor de otros tiempos, recuerdo tu esencia en los dedos convulsos erosionando mis montes. Un día te marchaste y contigo, se marchitaron las rosas de mi frente. Perdí el rumbo y me perdí en quién sabe que amores rotos. Ya no te extraño, ahora me aquietas en cada verso y en cada niño que pudo ser tuyo. Te sueño leve, como si despertar rompiera un hechizo. Fuiste, Amor, de mí. Fui, Amor, de ti. Fuimos, Amor, de los dos. Recuerdo el roce del primer beso, en la misma forma que una mariposa vuela a fundirse con la luz, así era capaz de quemar mi vuelo por ti. Se nos perdió, Amor, el camino. Abrazábamos al Sol y aún nos faltaba calor, queríamos morir en busca de la Luna sin testigos y luego rendirnos en los bancos de las aceras, ebrios de luz. Nos faltó locura, se nos perdió el olor, Amor. Nos faltó el coraje para lanzarnos al infinito y ahora, el tiempo vertical nos ha convertido en dos puntos distantes y paralelos. Esta llovizna que acaricia mi piel fue el aguacero devastador que inundó nuestros mundos. Es probable que en el infinito nuestras manos sigan entrelazadas, si no, ¿por qué mis nudillos